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Voy a hacer un esfuerzo enorme, como el que me explicó mi madre hacían tantos padres (esa era la magia), para volver a creer en los Reyes Magos. Y al hacerlo pediré Esperanza; la que perdimos algunos y la que robaron a tantos. Alegría para celebrar los despertares, los alimentos, el cobijo, la familia y los amigos. Fuerza para luchar contra lo injusto, contra los injustos. Valentía para seguir pese a ellos, pese a nosotros mismos con nuestras  miserias ,nuestras derrotas y nuestras pérdidas...
Cerraré los ojos, fuerte, fuerte, y soñaré que lo que deseo para mí llegará para todos. Ese será mi regalo.
Feliz 2015 a todas las personas de buena voluntad. Que la vida os sonría.

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Me alejo...

A Javier, compañero, padre, hijo, tío, hermano, amigo... que nos dejó dibujada en el cielo, tatuada en el alma, su sonrisa. Para siempre. "Me alejo como el aire, sacudo mi bucle blanco en el sol fugitivo. Vierto mi carne en remolinos, y la dejo arrastrar por la mueca del encaje. Me entrego, a mí mismo, al barro, para brotar en la hierba que amo. Si me necesitas, búscame en la suela de tus botas. (.............................) No desfallezcas si no me encuentras pronto.  Si no estoy junto a tí, sigue buscando. En algún lugar te estaré esperando."  W.Whitman
"Cuando de repente, a medianoche, se escuche pasar una comparsa invisible con músicas maravillosas, con vocerío - tu suerte que ya declina, tus obras que fracasaron, los planes de tu vida que resultaron todos ilusiones, no llores inútilmente. Como preparado desde tiempo atrás, como valiente, di adiós a Alejandría que se aleja. Sobre todo no te engañes, no digas que fue un sueño, que se engañó tu oído: no aceptes tales vanas esperanzas. Como preparado desde tiempo atrás, como valiente, como te corresponde a ti que de tal ciudad fuiste digno, acércate resueltamente a la ventana, y escucha con emoción, mas no con los ruegos y lamentos de los cobardes, como último placer los sones, los maravillosos instrumentos del cortejo misterioso, y dile adiós, a la Alejandría que pierdes." C. Cavafis

La niña mala

El silo estaba al lado del cuartel de la guardia civil, un poco lejos de nuestras casas y cerca del cementerio al que nunca llegábamos entonces; nos gustaba ir hasta allí y columpiarnos en la plataforma metálica donde pesaban el grano: hacia delante, hacia detrás, todas a una haciendo fuerza con las piernas, lográbamos un pequeño vaivén que a nosotras nos parecía el mejor de los columpios. Antes de llegar bajábamos por "los roes" (de "Roar", es decir: rodar), pasamanos de las escaleras que subían a  "las casas nuevas", anchos, de piedra, y que hacían las veces de estupendos toboganes. Por fin, tras el improvisado y siempre seguro parque infantil, nos sentábamos a hablar. A todas  nos parecía que las hijas de los guardias civiles y las sobrinas de los curas sabían mucho más que el resto; quizá porque llevaban una vida más itinerante, o quizá, quién sabe, porque ambos, clero y "civiles", entrañaban para nosotras cierto misterio, un más que cierto ...