Ir al contenido principal

La ciudad

La ciudad


Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón -como un cadáver- sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otors mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para tí, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda la tierra la destruiste.
C. Cavafis

Comentarios

Ana Manotas Cascos ha dicho que…
Que bonito poema, me ha gustado. Oye y la foto de quien es, porqué esta muy bien elegida para el poema.
Saludos
Mua ha dicho que…
Precioso.

Yo conocía también una versión "adaptada" ;)

Irás a otra ciudad,
a otros mares,
adónde quieras.
Saliendo del marasmo
con el corazón ligero.
Mirando hacia adelante,
sin vagar.
Mira al horizonte... ¿no es aquello un camino?

Besos!
Me gusta tu blog!
Tus fotos!
Tu corazón ;)
mamen ha dicho que…
Ana...mía!! Tan poquito crees en mí?! :) La tomé cuando conducía la ambulancia de Orán a Tinduf..No sé se ahora podría con aquello :( Qué vejez!!
Besos.
Mariajo; una versión mucho más optimista ;) Yo también te quiero, guapa.

Entradas populares de este blog

Me alejo...

A Javier, compañero, padre, hijo, tío, hermano, amigo... que nos dejó dibujada en el cielo, tatuada en el alma, su sonrisa. Para siempre. "Me alejo como el aire, sacudo mi bucle blanco en el sol fugitivo. Vierto mi carne en remolinos, y la dejo arrastrar por la mueca del encaje. Me entrego, a mí mismo, al barro, para brotar en la hierba que amo. Si me necesitas, búscame en la suela de tus botas. (.............................) No desfallezcas si no me encuentras pronto.  Si no estoy junto a tí, sigue buscando. En algún lugar te estaré esperando."  W.Whitman
"Cuando de repente, a medianoche, se escuche pasar una comparsa invisible con músicas maravillosas, con vocerío - tu suerte que ya declina, tus obras que fracasaron, los planes de tu vida que resultaron todos ilusiones, no llores inútilmente. Como preparado desde tiempo atrás, como valiente, di adiós a Alejandría que se aleja. Sobre todo no te engañes, no digas que fue un sueño, que se engañó tu oído: no aceptes tales vanas esperanzas. Como preparado desde tiempo atrás, como valiente, como te corresponde a ti que de tal ciudad fuiste digno, acércate resueltamente a la ventana, y escucha con emoción, mas no con los ruegos y lamentos de los cobardes, como último placer los sones, los maravillosos instrumentos del cortejo misterioso, y dile adiós, a la Alejandría que pierdes." C. Cavafis

La niña mala

El silo estaba al lado del cuartel de la guardia civil, un poco lejos de nuestras casas y cerca del cementerio al que nunca llegábamos entonces; nos gustaba ir hasta allí y columpiarnos en la plataforma metálica donde pesaban el grano: hacia delante, hacia detrás, todas a una haciendo fuerza con las piernas, lográbamos un pequeño vaivén que a nosotras nos parecía el mejor de los columpios. Antes de llegar bajábamos por "los roes" (de "Roar", es decir: rodar), pasamanos de las escaleras que subían a  "las casas nuevas", anchos, de piedra, y que hacían las veces de estupendos toboganes. Por fin, tras el improvisado y siempre seguro parque infantil, nos sentábamos a hablar. A todas  nos parecía que las hijas de los guardias civiles y las sobrinas de los curas sabían mucho más que el resto; quizá porque llevaban una vida más itinerante, o quizá, quién sabe, porque ambos, clero y "civiles", entrañaban para nosotras cierto misterio, un más que cierto ...