La chinita preciosa en cuestión, tras colocar sus manos en mis trapecios y gritar "uy,luy,luy!" se transformó en chino. Tal cual. Lo ví cuando me volví a darle las gracias por los primeros pellizcos.
En fín, que me las prometía felices cuando aparece el tal rubio para protestar con toda razón: Le habíamos manchado su, por otra parte sucísima, hamaca. Pedí disculpas mil: la culpa era mía...me olvidé (ahí volvemos a lo de caer -literal-) de poner mi toalla...blablabla, perdón, perdón. El chino no era culpable y yo me sentía fatal... A saber: a/por el asco de haberme tumbado en no sé qué sudores, en no sé qué aceites....b/porque la bronca que se estaba llevando el chino me correspondía a mí...c/por el rubio y sus hamacas.
Pero el rubio, ay!, no atendió a mis disculpas. Es más, las ignoró por completo. Quería que su guerra fuera con el chino (que sonreía por no tener en su vocabulario ni una palabra en castellano que aplacara al agraviado).
"Te voy a dar una hostia que se te van a quitar las ganas de reir".
Pensé (ya absolutamente requetecontracturada): "Tranquila Mamen, no pasa nada, relájate. Te has tumbado para eso. Un incidente, un idiota. Ya".
Al momento, un africano, cargado hasta las trancas de toda suerte de mercancía, se sentó en la esquinita (esto último lo debería poner en letras pequeñas...tan poco espacio ocupaba el buen hombre). En la esquinita, repito, de un inmenso toldo con infinidad de mesas y sillas vacías y pidió, al ver que el rubio le echaba con cajas destempladas:
"un momento, por favor, sólo un momento"...
"O te levantas y te largas ahora mismo o te frío a hostias".
Se levantó el africano. Me levanté yo (con el consiguiente susto para chino al que arranqué mi pié de cuajo):
"Pues mira, no. Ya no vas a amenazar con más hostias esta tarde a no ser que me tumbes a mí primero".
Ni contaros....El africano, crecido al ver que una viejita con brotes macarras (yo me veo como siempre, pero los demás ven la pura realidad) se le unía, quería llamar a la policia (!!!!!), mis saharauis (tras certificar que yo tenía papeles) querían intervenir: el "moreno" era musulmán (determinaron), yo era buena y el rubio era malo....Todo estaba en su lugar, todo casaba y debíamos, por tanto, pasar a la acción. Es decir: debíamos darle. Yo podía, el musulmán podía y ellos estaban allí para ayudar a tan noble causa.
Os estais imaginando la situación?
Le dí al chino, estupefacto y empeñado en seguir con mi pié como si no hubiera pasado nada, los 20 euros del no-masaje ("glacias-glacias, lubio-malo"), convencí como pude, y con la ayuda de otro "moreno", al amigo africano (..."rojo muy malo") de que se marchara, le eché una mirada asesina a rubio y novia (menos mal que no le dije a esta última que era una falta de respeto discutir "en tetas"...Menos mal. Se me va la pinza a veces...pero es que la escena era...yo qué sé...tan disparatada...tan frívola!), me largué con mis niños, que miraban de reojo a la recién descubierta mamen, a comprarles un helado... y me eché a llorar procurando que no me vieran. Hamdi se acercó y, con mucho cuidado de no mirarme, con un respeto más grande que su propio tamaño, me dijo: "no pasa nada, Mamen, tú eres valiente y el rubio muy malo".
Todo este rollo para contaros que no lloré solo de impotencia. Lloré porque en el fondo sabía que yo misma puedo ser un día el chino, el africano... o el rubio.
Sí. También puedo ser el rubio.
Pues eso... un abrazo.
Comentarios
No creas, yo también tengo mis días en que o soy víctima o soy victimario. Es muy difícil el papel de equilibrista en estos tiempos.
Con la emoción desbordándose en cada palabra. Lo cuentas muy bien.
Una gran historia, de las de cada día. Me has emocionado. Un abrazo. Un beso. Un achuchón.
Tienes muchas historias que contar, empieza!!!
Y nunca serás el rubio.